¿Cuántas veces miramos a través de la ventanilla la cantidad de hectáreas abandonadas, grandes terrenos, pastizales coloridos que denotan tierras fértiles?
¿Acaso podríamos imaginar en esos lugares instituciones, edificios o viviendas? ¿Planes de capacitación en diferentes áreas, electricidad, albañilería, sistemas, plomería, técnicas agropecuarias?
Si de gente en situación de calle se trata, ¿es posible imaginar estas hectáreas con esa misma gente, capacitando, aprendiendo, construyendo, acompañando?
Qué hermoso es nuestro país
Ciudades colmadas de parques, plazas, plazoletas, cerros coloridos; montañas nevadas, lagos, ríos y mar.
En contraste, carros llenos de plásticos, botellas y papeles. Gente armando “su habitación” con tres cartones, un colchón, una frazada; en la puerta de algún hospital, en el techo de algún kiosco… Se acurrucan, se juntan, dándonos una cátedra viviente sobre el ser social del hombre. Nenes arrastrando bolsas llenas de cacharros que pudieron juntar con su mamá.
Gente dormida en las veredas, tal vez borracha, tal vez drogada, tal vez cansada de caminar para pasar el frío, el día, el presente… Son los mismos que vemos todos los días: los “cuidadores de autos”, los vendedores de pochoclo, de garrapiñada, de tarjetitas de amor y amistad en el tren y en los colectivos.
Hoy tal vez pueda llover, habrá que buscar plásticos y bolsas para cubrirse, o tal vez, del rocío en el frío de la madrugada, que humedece sus frazadas.
Son ellos también, los que forman parte de nuestro hermoso escenario, adornado y pintado, ellos también forman parte de nuestra prospera argentina.
¿Que hacemos con nuestros “locos”, nuestros enfermos mentales?
El estado actual de salud pública está muy grave. Las políticas de salud mental presentan patologías crónicas de alto riesgo.
Los intereses económicos de los laboratorios y los prestadores privados son quienes intentan aplacar el padecer medicalizando a los sujetos, ejecutando políticas privatizadoras, que concluyen en el deterioro y la restricción de la atención en salud, hoy sostenida en las espaldas de profesionales trabajando en forma gratuita.
¿Que hacemos con nuestros adictos en situación de calle?
Frente a nuestros actuales funcionarios del gobierno con propuestas de políticas “PRO”, europeas, para el tratamiento de la droga como una enfermedad; despenalizando el consumo y penalizando a los traficantes.
Si en eso está preocupado nuestro Estado, ¿dónde encontramos un departamento para el tratamiento de adicciones, en los hospitales públicos?
Los centros de adicciones no dan abasto. Afuera los espera una larga fila de nombres y apellidos anotados, que un día decidieron no tomar más, no fumar más, cambiar, formar una familia. Pero no hay lugar para empezar.¿podrá esperar esta enfermedad?.
Propongo escuchar además de oír, no dejarnos aturdir por la publicidad. Entender, además de juzgar, hablar, gritar, exigir al Estado el compromiso en el sostenimiento presupuestario de la salud pública, como de las instituciones, centros con políticas eficientes y eficaces en inserción laboral y el trabajo cotidiano de cada uno de nosotros por la transformación, gritando por aquella voz silenciosa que quiere dignidad.
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